15 de octubre de 2021
Arte Cultura

Magritte, el gran ilusionista

Se empecinó en que una pipa no es una pipa. Y nos convenció a todos de ello. Creó un mundo fantástico –con sello propio y claramente identificable por el gran público– donde hombres con bombines que levitan tienen manzanas por rostros, donde es noche y día al mismo tiempo, y en el que hay pájaros y personas con ‘piel’ de cielo, ese hipnótico cielo Magritte de un azul intenso, cubierto de nubes, que se ha convertido en su seña de identidad. Como ocurre con todo buen mago que se precie, nada es lo que parece, y los trucos de este gran ilusionista quedan ocultos a ojos del espectador. Magritte saca de la chistera composiciones audaces y magnéticas capaces

 de cuestionar la realidad.

‘La alta sociedad’ (1965-1966). Colección Telefónica – © RENÉ MAGRITTE, VEGAP, MADRID, 2021

El original y personalísimo universo de René Magritte (1898-1967) está plagado de imágenes tan bellas y sugerentes como extrañas. Le gustaban las adivinanzas que no se podían resolver, los misterios inexplicables. «No hay respuestas en mis pinturas –decía–, sólo preguntas». Noventa y cinco interrogantes (correspondientes a otras tantas de sus obras, cedidas por museos, galerías y colecciones privadas de todo el mundo) por desentrañar en la exposición con la que abre temporada el Museo Thyssen. Es la primera retrospectiva en Madrid dedicada al genial artista belga, uno de los grandes nombres del surrealismo, desde la que celebró la Fundación Juan March en 1989.

Comisariada por Guillermo Solana, director artístico del Museo Thyssen, la exposición comenzó a concebirse allá por 2015. Debía haberse inaugurado en otoño de 2020, pero se retrasó por la pandemia, lo que ha provocado bailes en los préstamos. «Cuando lo teníamos todo asegurado, en junio del año pasado empezaron a cancelarse uno por uno los préstamos. En América estaba todo cerrado, los coleccionistas privados no querían saber nada… Tuvimos que aplazarla un año y empezar de nuevo de cero. Ha habido préstamos que han fallado, pero también cuadros antes denegados que sí han prestado ahora», explica el comisario. Aunque el seguro de la mayoría de las obras expuestas está cubierto con la garantía del Estado, sí ha notado un aumento considerable en el precio de los transportes: «Nos va a costar más hacer las exposiciones».

‘La firma en blanco’ (1965). The National Gallery of Art, Washington
‘La firma en blanco’ (1965). The National Gallery of Art, Washington – © RENÉ MAGRITTE, VEGAP, MADRID, 2021

Organizada por el Thyssen junto con la Fundación ‘la Caixa’, cuenta con el apoyo de la Fundación Magritte y la colaboración de la Comunidad de Madrid. Podrá visitarse en el Thyssen del 14 septiembre al 30 de enero de 2022 y después viajará al CaixaForum Barcelona, con algunos cambios. «Tendrán dos obras que envidio: ‘El sentido de las realidades’, del Museo de Arte de Miyazaki, y ‘La violación’, del Pompidou, que no ha podido viajar a Madrid por coincidir con otra muestra en París». El título de la exposición, ‘La máquina Magritte’, «quiere señalar el carácter, no sistemático, pero sí metódico de la obra del pintor belga. Las numerosas réplicas y variantes en la obra de Magritte no fueron solo un recurso comercial, sino, como él decía, un modo de ‘precisar mejor el misterio, de poseerlo mejor’», apunta Solana. Marca de la casa, los temas vuelven obsesivamente en su siempre magnética producción. Lienzos pensantes que podrían haber salido de esa máquina universal para hacer cuadros soñada por los surrealistas belgas en ‘La Manufacture de Poésie’.

Magritte definía su pintura como «un arte de pensar». «Toda su obra es una reflexión sobre la pintura», comenta Guillermo Solana. Heredero de los viejos maestros del trampantojo, «lo utiliza con un proposito conceptual, intelectual, para reflexionar sobre lo que es la pintura. Nosotros tendemos a dar crédito a las imágenes. Él nos hace dudar de lo que vemos, nos hace conscientes de la mentira de las imágenes, de la mentira del arte».

‘Sheherezade’ (1950). Colección privada. Cortesía Vedovi Gallery, Bruselas
‘Sheherezade’ (1950). Colección privada. Cortesía Vedovi Gallery, Bruselas – © RENÉ MAGRITTE, VEGAP, MADRID, 2021

Para ello utiliza trucos de magia: el cuadro dentro del cuadro, la ventana, el espejo, la figura de espaldas…, que irán desfilando por las siete secciones en las que está dividida la muestra. Arranca el recorrido con ‘Los poderes del mago’, que reúne tres de los cuatro autorretratos conocidos de Magritte, en los que éste adopta una actitud irónica hacia los mitos relacionados con el genio creador. «La idea del artista como mago es muy frecuentada por el surrealismo, pero los surrealistas de París se la tomaban al pie de la letra, pensaban que el artista tenía dotes de clarividencia. Magritte, en cambio, tiene un sentido del humor, de la ironía, que aquellos no tenían. Se ve más como un ilusionista que como un mago capaz de hacer prodigios», dice Guillermo Solana. Se analizan sus autorretratos, «no como expresión autobiográfica, sino como exploración de la figura del artista y los superpoderes que se le atribuyen». En ‘Tentativa de lo imposible’ (1928), Magritte pinta a una mujer desnuda, producto de su imaginación: «Es una versión del mito de Pigmalión, de la creación artística identificada con el deseo, del poder de la imaginación para producir la realidad». En ‘La lámpara filosófica’ (1936) se retrata el artista con dos de sus elementos fetiche, símbolos con claras connotaciones sexuales: la nariz y la pipa.

Dejamos a Magritte visto por Magritte, y atravesamos el espejo, cual Alicia en el País de las Maravillas (el pintor era un gran admirador de Lewis Carroll), para descubrir un mundo onírico, en el que Magritte mezcla imágenes y palabras, como ya hicieron cubistas, futuristas, dadaístas y otros surrealistas.

Otro de los aspectos más reconocibles de la producción magrittiana son los collages y las siluetas, que semejan papeles recortados; así como la inversión de figuras y fondos, y el asunto del cuadro dentro del cuadro. Toda su obra está plagada, además, de figuras de espaldas, como ya hiciera otro célebre surrealista, Giorgio de Chirico, o figuras de frente pero que ocultan sus rostros con un paño blanco. Hay quien ve tras ello un episodio trágico que vivió Magritte en su adolescencia. A los 14 años, se suicidó su madre. Se arrojó al río Sambre y hallaron su cadáver con la cabeza cubierta por su propio camisón. Esa imagen le obsesionó y la plasmó en obras como «Los amantes».

‘Tentativa de lo imposible’ (1928). Toyota Municipal Museum of Art
‘Tentativa de lo imposible’ (1928). Toyota Municipal Museum of Art – © RENÉ MAGRITTE, VEGAP, MADRID, 2021

Finalmente, la muestra aborda dos formas de metamorfosis presentes en la obra de Magritte: el mimetismo (objetos y cuerpos que se enmascaran en su entorno) y la megalomanía (cambios de escala que extraen a estos objetos y cuerpos de su entorno habitual). Es el caso de ‘Delirios de grandeza’: un torso escultórico femenino dividido en tres partes huecas. Explica Solana que para esta serie Magritte se inspiró en la Alicia de Carroll: «Cuando aumenta de tamaño, Alicia dice: ‘Me gustaría convertirme en un telescopio para poder extenderme’. Magritte pinta las formas de un catalejo. El cuerpo puede cambiar de escala voluntariamente».

«Dalí y Magritte tienen muchos parentescos, se influyeron mutuamente, compartieron muchas cosas. Como su adhesión al lenguaje figurativo. Pero también tienen grandes diferencias. Dalí fue un fan de Freud y el psicoanálisis, mientras que a Magritte no le interesaba nada todo ello», afirma el comisario. En su primera etapa, con las palabras y las formas biomórficas, tiene una gran influencia de Miró –con quien tuvo un gran contacto en París– pero en este caso no reconocida.

Se completa la muesta con una instalación, en la primera planta del museo, de fotografías y películas caseras realizadas por el artista. Nunca se consideró fotógrafo, pero sintió una gran atracción por el cine y la fotografía. Este tesoro fue descubierto en los años 70.

La exposición no trata de desmontar los tópicos y clichés sobre Magritte: «Trata de mostrar cómo funciona su imaginario. Detrás del aparente absurdo del imaginario magrittiano hay una lógica sostenida y un método. Hay un componente de misterio y enigma que no se debe eliminar, pero espero que el espectador salga de la exposición entendiendo mucho más a un artista coherente, con cierto sentido metódico, lógico».

Las obras de Magritte son tan reconocibles y populares como los ‘Girasoles’ de Van Gogh, o ‘El Grito’ de Munch. Magritte, advierte Solana, «es un gran productor de iconos. Pero ese éxito tiene un riesgo: corres el peligro de que todo se reduzca a esos motivos anecdóticos. Su obra va mucho más allá. La gente reduce a Magritte a la pipa, el bombín, la manzana y el cielo. Y esto no es Magritte». Pero esta sí es una exposición de Magritte, aunque él, a buen seguro, lo negaría.

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