15 de octubre de 2021
Arte Cultura

Gitano, hortera y demasiado católico: el artista que el Ayuntamiento de Palma quiere borrar

Palma de Mallorca Actualizado: Guardar

Antes de llegar al número 34 de la calle Marqués de la Sènia, el autobús turístico aminora la marcha. Los turistas sacan las cámaras y móviles para hacer unas fotografías de recuerdo. Aunque no viene en las guías, la fachada del hotel Artmadams de Palma se ha convertido en una parada obligatoria para los visitantes y vecinos de la ciudad. Todos quieren ver el mural artístico de José Luis Mesas, una gigantesca obra colorista que ocupa toda la fachada del edificio y que tiene los días contados porque al Ayuntamiento de Palma no le gusta y ha ordenado su eliminación bajo sanción de 15.000 euros.

El equipo de gobierno –formado por el PSOE, Podemos y los nacionalistas de Més per Mallorca– ha declarado la guerra a esta creación artística argumentando un endeble encaje jurídico. «Deniegan la licencia de pinturas de la fachada del hotel basándose en un informe de la Comisión de Centro Histórico pero este edificio ni está protegido ni está en el casco histórico de la ciudad», denuncia Jaime de España, propietario de este hotel, que considera que esta decisión es arbitraria y un ataque a la libertad artística.

Hasta en dos ocasiones el consistorio palmesano ha denegado la legalización de esta pintura. El 31 de julio de 2020 el propietario del hotel solicitó la licencia. En octubre de 2020 el Departamento de Obras consideró necesario que la Comisión de Centro Histórico y Catálogo se pronunciase sobre este asunto «debido al impacto visual respecto al barrio donde se ubica», y ésta se pronunció en sentido desfavorable el 9 de febrero de 2021. El 3 de marzo, siete meses después, se formuló una propuesta de denegación, lo que dio lugar a la presentación de alegaciones. Finalmente, el 22 de julio se notificó el acuerdo denegatorio de la licencia, más de 11 meses después de la solicitud. El Ayuntamiento argumenta que el barrio de Son Armadans es «singular» y que, aunque reconoce que el edificio creado por Guillem Forteza no está catalogado, es de estilo racionalista y se caracteriza por la austeridad, por lo que considera que debe evitarse el «impacto visual» de la obra de José Luis Mesas.

Fachada del hotel Artmadams de Palma
Fachada del hotel Artmadams de Palma – ABC

Subido en la azotea del hotel, Jaime de España señala los edificios colindantes, cada uno de un color, algunos degradados: «Esto sí que es un impacto visual… y no pasa nada». Explica que compró el edificio en 1997 y obtuvo la licencia municipal para realizar una ampliación y reforma. Aumentó las plantas, abrió los vanos, hizo balcones y si hubiera querido podría haberlo demolido para construir uno nuevo. «Ahora, sin embargo, no puedo hacer algo tan temporal y reversible como pintar la fachada con un mural», dice con escozor.

A su lado, José Luis Mesas, autor del mural, asiente con resignación. Este prestigioso artista internacional recibió el encargo por parte de Jaime de España y estuvo pintando durante el confinamiento la fachada del Artmadams –juego de palabras de la unión de ‘arte’ y ‘Armadams’, nombre del barrio–. Cada figura tiene un sentido: «Ese caballo es mi madre; esa corona y la ‘v’ representan el coronavirus… ¿Si lo borran? Será muy triste para mí», confiesa desconcertado el pintor, a quien no le cabe duda de que esta decisión está motivada por motivos racistas.

«Soy gitano y, al parecer, demasiado católico para los políticos del Ayuntamiento de Palma. Si no ha habido discriminación en este tema que venga Dios y lo vea», denuncia Mesas en alusión al comentario despectivo sobre su fe cristiana pronunciado por uno de los expertos que han ordenado la eliminación de la pintura. El insólito razonamiento lo hizo una «persona con reconocidos méritos designada por el alcalde» que forma parte de la Comisión de Centro Histórico y que, en una reunión de la Comisión, señaló que no debería admitirse el mural porque el autor, José Luis Mesas, no era pintor y, además, era «demasiado católico». Mesas es autor del cuadro más grande de España – ‘El Cristo de los Gitanos’- y ha donado dos cuadros al Papa Francisco. «Además de los prejuicios contra mí, creo que a los nacionalistas y los socialistas de aquí no les gusta mucho el apellido España», apunta el artista.

«Soy gitano y, al parecer, demasiado católico para los políticos del Ayuntamiento de Palma. Si no ha habido discriminación en este tema que venga Dios y lo vea»

Además, dentro del expediente de infracción urbanística del mural de Son Artmadams existe un correo electrónico del mes de mayo del año 2020 – antes de que comenzasen todos los avatares administrativos- en el que el máximo responsable de la gerencia de Urbanismo califica el mural de «horterada». En el correo, al que ha tenido acceso ABC, Joan Riera pregunta: «¿Sabéis cómo es posible que estén haciendo esta horterada?».

La falta de argumentos sólidos y los constantes desprecios por parte de algunos mandatarios del Consistorio al mural de Mesas ponen en tela de juicio la imparcialidad del criterio del Ayuntamiento, que en cambio sí ha avalado que la puerta histórica de Ses Veles, conservada como el único elemento patrimonial de la antigua fábrica CISMA, sea decorada con un mural de llamativo color verde en homenaje a la feminista Berta Cáceres, que ya tiene un monolito a pocos metros de allí.

Jaime de España opina que es respetable que el gerente de Urbanismo crea que el mural es una horterada pero no ve respetable que su opinión se vierta en un expediente administrativo, ya que su opinión probablemente ha condicionado de forma negativa la actuación del resto de las personas y funcionarios que dependen de él. «Porque incluso el arte kitsch (hortera) es una realidad que merece el amparo de la libertad de creación artística del artículo 20 de la Constitución Española».

Detalle de la obra de José Luis Mesas. El caballo representa a la madre del artista
Detalle de la obra de José Luis Mesas. El caballo representa a la madre del artista – ABC

El Ayuntamiento también ha alegado que el mural artístico no precisaba de licencia de obras pero, en cambio, sí necesitaba una comunicación previa de obras. España ya interpuesto un recurso alegando que «si el edificio no está catalogado y no está en el casco histórico de la ciudad, el propietario tiene la facultad de pintarlo, dado que ni la ley ni el planeamiento limitan esa facultad mediante un control administrativo». Mientras tanto, denuncia que le han bloqueado la adjudicación de otra licencia para la piscina, «a la que tengo derecho», y se está haciendo una «desviación de poder alarmante».

«Y todas estas represalias por una obra colorista, alegre, desenfadada que no tiene otra pretensión que destacar que el hotel tiene vocación artística, y dar color a una calle más bien anodina y a una ciudad más bien gris», se lamenta De España, que espera no tener que pintar de blanco la fachada.

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