En un tiempo marcado por la inteligencia artificial y todo tipo de entorno virtual, a partir de una acción coordinada con los vecinos, la Secretaría de Gobierno y Vínculo Ciudadano decidió la puesta en valor de las emblemáticas estructuras de hierro color rojo, presentes en numerosas esquinas porteñas. Con más de un siglo de historia, vuelven a escena, a partir de esta movida impulsada por el GCBA.
La restauración abarca, además de la herrería y la pintura, el recuerdo, hasta cierta evocación nostálgica, capaz de conducir a los vecinos y las vecinas, hacia aquellas épocas donde se necesitaba del buzón para el funcionamiento del sistema postal.
Un poco de la historia reciente
En Colegiales, permanecen cuatro de estos símbolos urbanos, pero había más…La reciente restauración del ejemplar ubicado en la intersección de Conesa y Jorge Newberry, generó entusiasmo en el vecindario.
La Vice Presidenta de la Junta de Estudios Históricos de Colegiales, Adriana Fernández, comentó:“Vimos una publicación sobre la restauración del buzón de “El Viejo Buzón” y, como el dueño agradecía a Ezequiel Sabor, entré a su Instagram y enseguida me contestaron que iban a recuperar éste, a los pocos días se lo llevaron”. Cabe destacar que la Señora Fernández, siguió el proceso llevado adelante por la Dirección General de Competencias Comunales y Talleres.
En otro tramo de las declaraciones compartidas, la Sra. Fernández, manifestó: “Fue una alegría la rapidez con que actuó la Ciudad…Nos gusta que estén atentos a estos detalles: son nuestro patrimonio…Si bien ya no se usan como vía de comunicación, son una huella en la memoria de una época”.
Por su parte, un vecino de la zona expresó: “Cuando se llevaron el buzón para restaurar, mucha gente decía ‘¡No se lo lleven!’, porque pensaban que lo sacaban para siempre”.
En tanto, Alicia Nosdeo, también vecina del barrio, visiblemente emocionada, indicó: “Recuerdo este buzón de años, es una postal del barrio…Me encanta que lo revaloricen… En otros he llegado a dejar cartas”.
Para concretar la puesta en valor, hubo que retirar capas de pintura acumulada, graffitis y stickers, además de diferentes tareas sobre el metal para evitar la corrosión. El hecho de conservar estas estructuras significa además defenderlas del vandalismo y del desgaste por el transcurso del tiempo.
El resto de los buzones de Colegiales están situados en General Enrique Martínez y Gregoria Pérez, Avenida Elcano y General Enrique Martínez, Avenida de los Incas y Freire, y Superí junto a la Plazoleta Zárraga.
Cada buzón cuenta con una historia propia. El de Conesa y Newbery comparte territorio con el movimiento escolar del lugar e indudablemente despierta la curiosidad de los más chicos. Como Nirvana de nueve años, quien al salir de la escuela de la mano de su padre, dijo: “Me llamó la atención porque es medio rara la forma…Nunca escribí cartas”.
Sofía, una compañera de colegio de la misma edad, contó que: “Sabía lo que era porque mi mamá siempre me cuenta cosas de los 80…Me recuerda a un buzón de hace ochenta años…Me gusta el color rojo”. Su mamá, Tamara Leiva, se refirió a cómo estos objetos pueden convertirse en herramientas para enseñar a los más chicos dinámicas del pasado: “Teníamos la intención de llevar las cartas de Papá Noel al buzón, que viniera un cartero, las busque; les explicamos el trabajo que hacían los carteros…Les pareció interesante… Está bueno que los recuperen, de hecho nos extrañó cuando no lo vimos-porque lo estaban restaurando- dijimos: ¿Qué raro, se lo llevaron? ¡Qué lástima!…Son cosas lindas para que los chicos vean y para recordar las cosas que existían antes”.
En tanto, Pablo Soldini, nacido en el barrio, también quiso brindar su opinión: “Lo recuerdo de toda la vida, iba al colegio acá…Está muy bueno que lo recuperen; aunque pase desapercibido, es un símbolo del barrio y de la identidad, que a medida que pasa el tiempo se va perdiendo”.
