Conocido como «el jardín de la Ciudad», Villa Devoto vive un auge turístico gracias a su oferta gastronómica, su historia y sus espacios verdes, convirtiéndose en uno de los barrios más valorados de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Ubicado en la Comuna 11, el barrio de Villa Devoto atraviesa un presente de esplendor. Su encanto, sostenido por una equilibrada combinación de propuestas culinarias, calles arboladas y joyas arquitectónicas, lo posicionó como uno de los polos más atractivos tanto para el turismo interno como para quienes eligen vivir en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. En este sentido, el aumento de visitantes y su creciente valoración inmobiliaria lo transformaron en una de las zonas con mayor crecimiento del distrito capitalino.
Con límites que lo conectan con barrios como Villa Pueyrredón, Agronomía, Villa del Parque, Monte Castro y Villa Real, y lindero a los partidos bonaerenses de Tres de Febrero y General San Martín, Villa Devoto comenzó a forjar su identidad en la segunda mitad del siglo XIX. Originalmente tierras de Antonio Devoto, un inmigrante italiano que le dio nombre al barrio, estas parcelas fueron incorporadas primero a San Martín y luego, tras la federalización de la Ciudad, al tejido urbano porteño.
En noviembre de 1888 se inauguró la estación de ferrocarril, y pocos meses después el Banco Inmobiliario adquirió las tierras que habían sido abandonadas por la familia Altube. Para abril de 1889 presentó ante la Municipalidad un proyecto para fundar un nuevo pueblo, con un trazado singular que bautizaba las calles norte-sur con nombres de ciudades americanas, y las este-oeste con nombres europeos. El 13 de abril de ese mismo año se aprobó la propuesta, lo que dio inicio a la venta de lotes y al paisajismo urbano que definió su fisonomía hasta la actualidad.
Con una superficie cercana a los siete kilómetros cuadrados, el barrio ofrece un entorno ideal para quienes buscan tranquilidad. A su vez, se convirtió en un espacio codiciado por familias, jóvenes profesionales y turistas interesados en recorrer una zona que combina historia y modernidad. Sus calles están bordeadas por árboles, flores y jardines, y en ese marco natural destacan puntos emblemáticos como la Basílica San Antonio de Padua, cuya construcción comenzó en 1913 y finalizó en 1928 sobre tierras que pertenecieron al propio Devoto.
Por otra parte, en el plano cultural y deportivo, Villa Devoto resguarda recuerdos de figuras populares como Diego Maradona, quien vivió con su familia en la célebre esquina de Segurola y Habana 4310, séptimo piso. También se encuentra allí la segunda casa de la cantante Gilda, ubicada en Benito Juárez 3227, lo que agrega un componente emotivo a sus calles.
Asimismo, uno de los símbolos que mayor orgullo genera entre los vecinos es la histórica Casa Beiró, construida en la década de 1920 en la esquina de Cantilo y Marcos Paz. Esta casona perteneció a Francisco Beiró, dirigente radical y vicepresidente electo junto a Hipólito Yrigoyen en 1928. Aunque fue declarada con protección estructural en 2008, el deterioro y el abandono marcaron su presente. Diversos proyectos para convertirla en un museo o centro cultural fueron descartados en la Legislatura porteña, siendo el último intento en 2022. Hoy solo sobrevive el cuerpo principal y el jardín frontal, mientras que la quinta original fue fraccionada y sus caballerizas demolidas.
En tanto, el costado más atractivo para los nuevos visitantes está en la experiencia gastronómica que ofrece el barrio. La peatonal diagonal Fernández de Enciso se convirtió en una pasarela de sabores y estilos. Allí sobresale una casona de estilo marplatense que alberga una sucursal de Rapanui, además de Betular Pâtisserie, del reconocido pastelero Damián Betular, elegida por los fanáticos de lo dulce.
Por su parte, el tradicional Café de García, fundado en 1927, se transformó en parada obligada para quienes buscan una picada auténtica y con historia. También se destacan Casa Lucca, autodenominada “la cocina de inmigrantes”, que ofrece platos españoles e italianos, y el Bar Alemán, considerado el bodegón más representativo del barrio, cuyo valor cultural es tan notable como su propuesta culinaria.
