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Exiliados rusos de la comunidad LGBTIQ+ encuentran refugio en Buenos Aires

La guerra y la persecución en Rusia impulsaron a decenas de personas de la comunidad LGBTI a dejar su país y buscar asilo en Buenos Aires, donde hallaron la posibilidad de rehacer sus vidas en libertad.

El recrudecimiento del conflicto bélico entre Rusia y Ucrania, sumado a la creciente homofobia institucional, forzó a muchos ciudadanos rusos de la comunidad LGBTI a abandonar su país y migrar hacia destinos más seguros. Entre los lugares elegidos se destacó la Argentina, que desde fines de 2022 se convirtió en un punto de llegada constante para quienes huyen de la persecución y encuentran aquí la posibilidad de solicitar refugio.

La historia de Nikolai, Dimitri y Guzel es representativa de esta ola migratoria. Nikolai, de 25 años, relató que antes de salir de Moscú sentía «peligro diario» tanto por el clima de odio promovido desde el Estado como por la amenaza del reclutamiento forzoso. «Pasamos un par de días pensando qué hacer y una tarde decidimos que había que salir. Al otro día, nos levantamos muy temprano y el padre de mi novio nos ayudó a salir de Rusia en auto», recordó. Tras una odisea por distintos países, llegó a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, donde hoy practica boxeo en una plaza de Boedo.

Dimitri, de 29 años, también se vio obligado a emigrar cuando Putin decretó la movilización militar en septiembre de 2022. «Me di cuenta de que aunque dijera que no, el gobierno podía obligarme a ir a Ucrania a matar gente. Y ese fue mi límite», señaló. Consiguió un vuelo a Uzbekistán, pero al atravesar el control migratorio enfrentó un duro interrogatorio. «Me preguntó por qué viajaba, le mostré mis papeles, se los llevó y me dejó solo. No sé cuánto tiempo pasó, pero finalmente pudimos salir», narró. Después de un paso por Estambul, llegó a Buenos Aires a fines de ese mismo año.

La experiencia de Guzel, de 41 años, tuvo matices diferentes. Viajó junto a su esposa y su hijo en octubre de 2022, después de postergar el viaje unos meses para despedirse de sus familias. «No queríamos vivir en un país que inicia guerras. Esta vez el gobierno superó incluso nuestras peores expectativas», afirmó. En la actualidad regentan un restaurante de comida rusa en la Ciudad, aunque enfrentan dificultades económicas debido a la reducción de clientela tras la implementación de nuevas restricciones migratorias.

El proceso para solicitar el estatuto de refugiado implica completar formularios, presentar documentación y asistir a entrevistas. Aunque parece sencillo, en la práctica puede demorar años. Guzel lo obtuvo después de una larga espera de tres años, mientras que Nikolai y Dimitri aún aguardan la resolución de sus casos.

Argentina cuenta con una tradición de recepción de migrantes rusos que se remonta a fines del siglo XIX. Según registros históricos, unas 160 mil personas llegaron en aquella época, consolidando una de las comunidades extranjeras más numerosas después de la italiana, española y francesa. Ese antecedente, sumado a la política de puertas abiertas, la legislación protectora y la ausencia de requisitos de visado, influyó en que muchos vieran en el país un destino posible para comenzar de nuevo.

En paralelo, la situación en Rusia se deterioró de manera acelerada. Tras la invasión a Ucrania en 2022, la represión contra las disidencias sexuales se intensificó. En 2013 se había criminalizado la “propaganda homosexual” y en noviembre de 2023 el Tribunal Supremo ruso prohibió al movimiento LGBT, al considerarlo una “organización extremista”. El diputado Vitaly Milonov fue aún más lejos al expresar: «Estoy deseando dar el siguiente paso: prohibir la bandera arcoíris. Es un símbolo de lucha contra la familia tradicional. Espero que nadie pueda mostrar esta bandera en Rusia».

La vida en Buenos Aires representa un contraste radical para quienes llegaron en busca de seguridad. «Ver una pareja de homosexuales tomados de la mano me pone feliz y triste al mismo tiempo. En Rusia eso es inimaginable», reflexionó Nikolai. En tanto, Dimitri destacó el valor de poder socializar sin temor: «En Rusia todo era clandestino. Acá descubrí un sentido de pertenencia».

Para muchos de estos exiliados, la Argentina se convirtió en un lugar definitivo para echar raíces. En cambio, Guzel observa con incertidumbre el futuro debido a las dificultades económicas y los cambios en la legislación migratoria. Sin embargo, la posibilidad de vivir en un entorno donde su familia es reconocida y aceptada compensa los obstáculos cotidianos.

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