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El retorno del Polaco Goyeneche a la pantalla grande con Las formas de la noche

Este jueves, el cine Gaumont abrirá sus puertas nuevamente a “Las formas de la noche”, un documental que nos sumerge en la figura de Roberto “Polaco” Goyeneche. La cinta, dirigida por su sobrino-nieto, Marcelo Goyeneche, plantea una intrigante pregunta: ¿Cuál fue la faceta más destacada del legendario cantor de tangos? Un viaje por las diversas etapas de su carrera revela una historia rica en matices y polémicas.

En el filme, voces como la de Adriana Varela y el periodista Matías Longoni resaltan la maestría del “último” Goyeneche, conocido por su arte del fraseo. Sin embargo, las opiniones divergen, y el documental destaca la controversia que rodea la construcción narrativa de su legado. Desde su juventud en el café Homero hasta convertirse en un “decidor” excepcional, las perspectivas sobre su evolución artística son variadas.

“Las formas de la noche” cuestiona la preferencia por el Goyeneche tardío y reflexiona sobre la influencia de sus imitadores. Adriana Varela, testigo privilegiada de sus últimos años, defiende la autenticidad del Goyeneche que ella conoció y destaca su habilidad única para el fraseo. En palabras de Varela: “Quienes éramos jóvenes en la última etapa del Polaco lo conocimos así, así nos llegó, y el hecho artístico pasó ahí, cuando ya era solista”.

Marcelo Goyeneche, director del documental, arroja luz sobre la transformación del cantor a partir de una operación en las cuerdas vocales a fines de los ’70. “Esa fue la gran virtud que tuvo, saber ubicarse en el momento en que estaba para poder dar lo mejor que tenía”, afirma, destacando la habilidad de su tío-nieto para adaptarse a las exigencias artísticas de cada etapa.

En retrospectiva, Jorge Göttling pondera la diversidad de influencias que marcaron la carrera de Goyeneche, desde Tony Bennett hasta Carlos Gardel. El debate sobre su legado se intensifica al analizar su incorporación a la Orquesta de Salgán en 1952 y su posterior paso por la Orquesta de Troilo en 1956. Aunque su éxito no fue instantáneo, la película revela cómo supo ganarse un lugar destacado en la escena del tango.

El período con Troilo, que abarcó hasta 1963, se caracterizó por colaboraciones memorables en piezas como “Yuyo verde”, “Bandoneón arrabalero” y “Romance de barrio”. Sin embargo, la relación llegó a su fin cuando Pichuco le aconsejó al Polaco independizarse para aprovechar su momento. La película desmitifica la idea de una respuesta económica inmediata y pone en perspectiva la complejidad de esa decisión.

La evolución artística de Goyeneche, desde sus inicios sobrios hasta convertirse en un “decidor” consumado, se refleja en su capacidad para jugar con el tempo y su enfoque gramatical en la interpretación de las letras. Su “truco” era, según él mismo explicaba, encontrar la gramática escondida en cada tema.

Las críticas sobre los desvíos de algunos cantores de tango, como la falta de sentido musical, no se aplican a Goyeneche. Su legado, marcado por la musicalidad y la maestría del fraseo, dista de los excesos que criticaban otros músicos del género. A través de sus propias palabras, Goyeneche se definía como “profesor de gramática antes que cantor de tangos”.

En el ocaso de su carrera, Goyeneche, lejos del cantor que supo ser, dejó una última grabación con Antonio Agri, “Viejo ciego”, que añade una dimensión conmovedora a su legado. A pesar de las polémicas y las interpretaciones variadas sobre su carrera, su contribución al tango es innegable, y “Las formas de la noche” nos invita a reflexionar sobre la complejidad de su figura en la historia del género.

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