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El Fondo Nacional de las Artes reabrió su histórica sala de exposiciones en homenaje a Clorindo Testa

El espacio diseñado en 1995 por el célebre arquitecto volvió a funcionar tras 10 años de inactividad con una muestra inmersiva que busca recuperar el vínculo con el público.

La calle Alsina, en pleno centro de Buenos Aires, recuperó uno de sus hitos culturales más significativos tras una década de silencio. El Fondo Nacional de las Artes (FNA) reabrió oficialmente su sala de exhibiciones con una decisión que repara una deuda histórica: el espacio llevará, a partir de ahora, el nombre de Clorindo Testa. La medida fue adoptada por decisión unánime del Directorio del organismo para honrar al creador que diseñó el lugar hace exactamente treinta años. La inauguración se concretó mediante la apertura de la muestra “Flores: un jardín suspendido”, una instalación de gran impacto visual que ya comenzó a modificar la dinámica de los peatones que transitan por esa zona de la capital nacional.

El acto de reapertura estuvo marcado por la emoción de recuperar un sitio que había perdido su función original. Tulio Andreussi Guzmán encabezó la ceremonia y destacó la doble importancia del evento ante los presentes. “Esta inauguración trae consigo dos motivos para celebrar. El primero es la exposición misma. El segundo es la reapertura de la emblemática sala de exhibiciones de la sede de Adolfo Alsina 673”, sostuvo durante su discurso. En este sentido, el funcionario remarcó el compromiso de la gestión actual con la puesta en valor del patrimonio.

Asimismo, Andreussi Guzmán compartió con la audiencia una reflexión personal sobre el estado en el que se encontraba el lugar antes de esta intervención, recordando que “tal vez me hayan escuchado decir que el Fondo Nacional de las Artes es un organismo vivo que late al ritmo de la excelencia de la cultura y realmente me causaba infinita tristeza ver el estado de descuido de la sala”. Sus palabras fueron seguidas por un aplauso cerrado cuando se oficializó que el recinto llevaría el nombre del arquitecto que lo concibió, un anuncio que contó con la presencia de Teresa Bortagaray de Testa, viuda del homenajeado, y de su hija Joaquina.

La vidriera de la sede del FNA, ubicada en el lado impar de la calle, vuelve a funcionar ahora como un imán para los transeúntes. Desde el exterior, una potente iluminación amarilla y enormes formas orgánicas capturan la atención de quienes caminan por la Ciudad. Se trata de la obra de Pablo Curutchet, una instalación inflable curada por Pedro Bedmar que rompe con la monotonía de la cuadra. El montaje presenta flores plásticas que cuelgan del techo y que, lejos de intentar imitar a la naturaleza, exponen deliberadamente su artificialidad. Este gesto de transparencia hacia la calle recupera la idea original de Testa, quien en 1995, junto a Francisco Bullrich, donó el proyecto arquitectónico con el fin de promover la creación artística y favorecer el acceso público al arte contemporáneo.

Durante la década en la que permaneció en desuso como galería, el espacio sufrió diversas modificaciones que desvirtuaron su propósito. Se convirtió en biblioteca, luego en mesa de entradas y finalmente en hall de acceso. En ese proceso, los vidrios fueron tapados con vinilos, lo que obstaculizó la vista desde afuera y oscureció el interior, anulando la conexión entre el arte y el ciudadano de a pie. La actual gestión decidió revertir esa situación para que el lugar vuelva a ser un punto de encuentro, experimentación y visibilidad para artistas de todo el país, tal como lo fue en sus inicios cuando albergó casi un centenar de muestras.

Por su parte, el curador de la muestra, Pedro Bedmar, explicó el origen de la propuesta exhibida. “Conocí a Pablo de manera casual en un viaje en colectivo y me interesó mucho su obra. Cuando me enteré del concurso pensé inmediatamente en esta pieza de sitio específico que se convierte en un lugar óptimo para sacarse selfies”, comentó el curador, nacido en España pero cordobés por adopción. A su vez, detalló que el concepto detrás de los inflables “pone de relieve el mundo artificial en el que vivimos, un mundo en el que no conectamos con el verdadero sentido de la vida: el amor, la creatividad, el juego, el movimiento, el contacto con los otros”.

El artista Pablo Curutchet también tomó la palabra para recordar su vínculo temprano con la institución, el cual fue determinante para su carrera. “En 2006 gané una Beca Creación que me permitió desarrollar proyectos a gran escala. Volver al Fondo me conecta con esa parte de mi historia y es muy emocionante”, expresó el autor de la instalación. Además de la obra principal, la sala exhibe una pieza del propio Bedmar: un libro de artista que el público puede manipular utilizando guantes, cuyas páginas contienen fotografías intervenidas, pinturas y textos poéticos que dialogan por contraste con la propuesta de los inflables.

El evento contó con la asistencia de figuras destacadas del ámbito cultural, como la Directora Nacional de Museos, María Paula Zingoni, autoridades de la Fundación Clorindo Testa y miembros del Directorio del FNA. Andreussi Guzmán cerró su intervención con un mensaje directo a los creadores: “Espero que este sea el comienzo para que este espacio vuelva a brillar. Les digo a los artistas contemporáneos que el Fondo Nacional de las Artes está para acompañarlos en la realización de sus sueños. Es una herramienta poderosa para financiar sus proyectos. Cuenten con nosotros”.

Quienes deseen recorrer la instalación y conocer la recuperada sala Clorindo Testa podrán hacerlo de manera gratuita en la sede de Adolfo Alsina 673, en CABA. La muestra permanecerá abierta al público hasta el viernes 20 de febrero de 2026 y puede visitarse de lunes a viernes en el horario de 10 a 16.

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