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Aumentaron un 300 % las uniones civiles en personas mayores de 65 años

Las uniones civiles entre personas mayores de 65 años en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires crecieron significativamente en los últimos siete años. Este fenómeno refleja cómo el amor y la necesidad de formalizar vínculos persisten en todas las etapas de la vida, desafiando viejos estereotipos y reafirmando la importancia de otorgar un marco legal a las relaciones.

En la Ciudad, el amor no tiene fecha de vencimiento. Esto queda demostrado en el notable incremento de uniones civiles entre personas mayores de 65 años, un fenómeno que ha ganado fuerza en la última década. Según un informe del Registro Civil porteño, el número de uniones civiles en esta franja etaria se triplicó entre 2016 y 2023, pasando de 124 a 364 ceremonias. Este aumento significativo pone en evidencia cómo los adultos mayores no solo buscan reafirmar sus vínculos afectivos, sino también obtener los beneficios que conlleva la formalización de su relación.

Este incremento no es un hecho aislado, sino parte de una tendencia más amplia que, salvo el paréntesis ocasionado por la pandemia, muestra un crecimiento sostenido en la cantidad de uniones civiles. Además, este fenómeno trasciende la barrera de los 65 años. Sorprendentemente, en los últimos ocho años, más de 150 parejas que superan los 85 años han decidido dar el «sí» en una unión civil, demostrando que la búsqueda de compañía y amor es una constante a lo largo de la vida.

En este sentido, el secretario de Gobierno y Vínculo Ciudadano, César Torres, subrayó la facilidad con la que las parejas pueden acceder al trámite. «Las parejas que desean unirse en matrimonio o a través de una unión civil pueden solicitar turno desde la web de manera sencilla y rápida; descentralizamos la celebración de matrimonios en 14 sedes, mientras que las uniones civiles ya se pueden realizar en 9 sedes», indicó. Esta descentralización y simplificación del proceso ha sido un factor clave para fomentar el aumento de estas ceremonias.

Formalizar una relación de pareja en esta etapa de la vida trae consigo múltiples beneficios. La unión civil, en particular, permite registrar el vínculo de dos personas que conviven, otorgándoles derechos similares a los de los cónyuges. Entre los principales beneficios se encuentran la posibilidad de incorporar a la pareja en la obra social, recibir una pensión, solicitar créditos bancarios de manera conjunta y acceder a licencias en caso de enfermedad del concubino. Estas ventajas son un aliciente importante para quienes deciden formalizar su relación en la tercera edad.

Personal de la Dirección General del Registro Civil de la Ciudad, quienes ofician estos enlaces, destacan que las uniones a edades avanzadas reflejan un cambio en la percepción del matrimonio y las relaciones en esta etapa de la vida. Para muchos adultos mayores, la decisión de casarse o unirse civilmente no solo reafirma el vínculo, sino que también representa una apuesta al amor y a la compañía, desafiando las ideas preconcebidas de otras épocas.

El caso de Alberto, de 77 años, y Liliana, de 73, es un ejemplo claro de cómo el amor puede perdurar a lo largo de las décadas. Novios en su juventud, se reencontraron a los 40 años y, después de 30 años de convivencia, finalmente decidieron casarse. «¿Por qué no?», responde Liliana con una sonrisa mientras esperan, junto a sus testigos, para ingresar a la sala de la sede comunal 13, donde se oficializará su casamiento. Este tipo de historias, que mezclan la nostalgia con la celebración de la vida y el amor, son cada vez más comunes en las oficinas del Registro Civil.

Con casi dos décadas de oficio, el juez de paz de la Comuna 13 comparte que «tenemos muchas historias como la de Liliana y Alberto, que fueron novios de adolescentes, después cada uno hizo su historia, se volvieron a encontrar y se los ve muy felices». Esta tendencia de revivir antiguos amores o fortalecer relaciones de larga data refleja un cambio cultural significativo en la manera en que los mayores perciben el matrimonio y las uniones civiles.

Por su parte, la jueza Amalia Suárez, oficial de la sede central del Registro Civil, enfatiza la importancia de «dar el marco legal a dos personas que ya son adultos mayores y que, entre otras cosas, quieren dejar ordenada su vida». En sus palabras, muchas de estas ceremonias suelen ser muy concurridas y emotivas, «algunas dignas de una novela». No obstante, lo más relevante, según Suárez, es que «si dos personas mayores han decidido casarse, tener la suficiente capacidad para dar el consentimiento», dado que, aunque hay un cambio de estado, «para el amor no existe edad».

En tanto, otra historia conmovedora es la de Lili, de 67 años, y Carlos, de 68, quienes fueron novios en su juventud, se casaron y luego se divorciaron, pero mantuvieron el contacto a través de sus familias. Un día, la madre de Lili llamó a la hermana de Carlos para saber cómo estaba, y se enteró de que él siempre la había recordado. Este reencuentro culminó en una unión civil, celebrada por sus hijos, quienes siempre supieron del cariño que sus padres se tenían. Según la jueza Suárez, «cuando hay amor, no importa la edad».

Walter, de 80 años, y Li, de 78, son otros protagonistas de una historia de amor que desafió el tiempo y la distancia. Ambos, profesores de idiomas, se conocieron de jóvenes en Alemania, pero fue en Argentina donde su relación floreció. Después de casarse, divorciarse y volver a unirse, ahora lo hicieron nuevamente en el umbral de los 80 años, demostrando que el amor verdadero puede superar cualquier obstáculo.

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